En Segundo lugar, basamos la doctrina de la seguridad eterna del creyente en la perseverancia y el poder omnipotente del Santo Espíritu de Dios. Vea el primer capítulo de la Epístola a los Filipenses. Escribiendo a estos santos, el apóstol dice, cuando les agradece por su comunión en el evangelio desde el primer día hasta ahora:
“Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” [Filipenses 1: 6]
¿Ve eso? ¿Quién comenzó la buena obra en usted si usted es un creyente en el Señor Jesús? El Espíritu Santo de Dios. Fue Él quien le convenció de pecado, fue Él quien le llevó a poner su confianza en Cristo, fue Él quien a través de la Palabra le dio el testimonio de que estaba salvado, es Él quien le ha estado conformando a Cristo desde que usted confió al principio en el Señor Jesús. Habiéndole levantado así en gracia, el Espíritu Santo tiene un propósito definido en vista. Él finalmente va a conformarle a usted completamente a la imagen del Señor Jesucristo, y Él nunca comienza una obra que no tenga la intención de finalizar.
“Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Si cuando usted era un pobre pecador, el Espíritu Santo tuvo suficiente poder para quebrantar su oposición a Dios y para hacer finalizar su incredulidad y rebelión, ¿piensa usted por un momento que Él no tiene poder suficiente para sojuzgar su voluntad como creyente y continuar hasta completar la obra que comenzó?
La gente dice:
“Veo que usted cree en aquella antigua doctrina Bautista de ‘una vez en la gracia, siempre en la gracia.’” U otro dice: “Entiendo que usted sostiene esa antigua idea Presbiteriana de ‘la perseverancia final de los santos’.”
No sé por qué esto debería ser llamado Bautista o Presbiteriano, sólo en la medida que los Bautistas y Presbiterianos concuerdan con el Libro, y la Palabra de Dios muestra claramente que una vez que Dios nos recoge en gracia nada puede separarnos del amor de Cristo, así que evidentemente la expresión, “una vez en la gracia, siempre en la gracia”, es perfectamente correcta. Pero, por el otro lado, no soy tan entusiasta acerca de la otra expresión, “la perseverancia de los santos”. Yo creo en esto, yo creo que todos los santos, todos los que pertenecen realmente a Dios, perseverarán hasta el fin, porque el Libro me dice: “Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24: 13), y si alguien comienza y hace una profesión pero no renuncia a todo, él nunca será salvo, porque para empezar nunca nació de nuevo, él nunca fue cambiado verdaderamente por la gracia divina. Por el otro lado, la razón de que alguien persevere hasta el fin no es alguna especial perseverancia de sí mismo. En lo que yo creo, y lo que la Palabra de Dios claramente enseña, es la perseverancia del Espíritu Santo.
Cuando Él comienza una obra, Él nunca renuncia hasta que esté completada. Esa es nuestra confianza.
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