Una dama vino a mí un día y dijo:
“No puedo entenderle en esto. Yo puedo entender bastante bien que Cristo murió por los pecados que cometí hasta la noche de mi conversión, ¿pero trata usted de decirme que Cristo murió por mis pecados futuros?”
Yo dije:
“¿Cuántos de sus pecados estaban en el pasado cuando Cristo murió en la cruz?”
Ella pareció desconcertada por un momento, y entonces la luz irrumpió, y dijo:
“¡Cuán necia he sido! Por supuesto, todos ellos eran futuros cuando Jesús murió por mí. Yo no había cometido ninguno de ellos.”
Dios vio todos sus pecados, y Él puso sobre Jesús toda su iniquidad. Por lo tanto, cuando usted confió en Él, usted fue justificado sin restricciones de todas las cosas. Usted dice:
“¿Entonces no hay diferencia si un creyente peca?”
Ese es otro asunto, y llevaría toda una tarde adentrarnos en éste, pero el punto es el siguiente: en el momento en que usted confía en el Señor Jesús como su Salvador, su responsabilidad, como pecador en relación al Dios de juicio está terminada por la eternidad, pero en ese mismo momento comienza su responsabilidad como un hijo en relación a un Padre en el cielo. Ahora, si como un hijo usted peca contra su Padre, Dios tendrá que tratar con usted acerca de eso, pero como un Padre y no como un Juez. Esa es una línea de la verdad que se sostiene por sí misma y no contradice lo que estoy enseñando ahora. Esto explica algunas cosas que desconciertan a algunas personas cuando esta doctrina es traída ante ellas.
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